Hace poco, durante una conversación con un amigo, surgió el tema de los programas de escritura creativa. Básicamente, mi amigo no tenía ni pajolera idea de a qué leches me refería. Cuando se lo expliqué —más o menos, no estuve muy sembrado— su respuesta vino a ser esta: ¿Y eso para qué? Para escribir basta con un procesador, ¿no?

Como bastar, claro que basta. Sobra, de hecho, con papel y algo para escribir. Pero naturalmente, siempre hay formas mejores de hacer las cosas. Un procesador de textos es el equivalente a una máquina de escribir. Un programa de escritura creativa es algo más. Intenta satisfacer las necesidades específicas de la escritura creativa[1].

Tal y como le comenté a mi amigo, la mejor forma de abordar la creación de un proyecto grande es idearlo a grandes rasgos, dividirlo en partes y luego concentrar nuestro esfuerzo en esas partes. El viejo adagio de divide y vencerás.

A la hora de escribir no hay mucha diferencia. No es lógico, por ejemplo, usar un único archivo de texto en el que vamos escribiendo la novela. Podemos hacerlo, es cierto, pero no es eficaz. Y corremos muchos riesgos. Por ejemplo:

  • Si se pierde, borra o corrompe el archivo, lo perderemos todo. Y creedme, esto es posible. Muy posible.
  • A partir de ciertos volúmenes de texto, es muy farragoso manejar un documento único. Desplazarse por él, anotarlo o revisarlo puede llegar a ser complicado[2].
  • La reescritura se complica, por ejemplo a la hora de modificar, trasladar o suprimir cierto pasaje o un capítulo entero.

Por tanto, lo conveniente es dividir nuestro texto en partes. Llamémosles escenas, capítulos o como queramos. Idealmente, usaremos documentos diferentes para cada una de estas partes. Pero, a su vez, esto conlleva dos problemas.

El primero es mantener la coherencia de estilos y formatos. Tiene fácil solución si empleamos sabiamente una plantilla con estilos vinculados. (Lo cual es definitivamente un hábito que el usuario de un procesador de textos debería adquirir.)

El segundo es manejar estos textos como uno solo, cosa que será necesario cuando toque ver el bosque y no los árboles, por así decirlo. Hay una formas de hacer esto con un procesador de textos: un documento maestro.

Un “documento maestro” es un contenedor que agrupa y organiza diversos documentos, o subdocumentos. El problema es que en los procesadores de texto que he probado, los documentos maestros son poco intuitivos, propensos a fallar, y no permiten la edición múltiple de los subdocumentos que lo componen.

Scrivener, uno de los mejores programas de escritura creativa que he probado, se basa precisamente en este concepto: la necesidad tanto de escribir un texto mediante fragmentos de un todo como de visualizarlos en conjunto cuando nos apetezca.

Conocía a Scrivener por referencias, pero nunca había tenido la ocasión de probarlo: su plataforma de origen es Mac OS. Así que imaginad mi alegría cuando descubrí que estaban preparando, en paralelo, una versión para Windows, que aún se encuentra aún en su fase de desarrollo, pero cuenta con una beta muy avanzada.

La principal ventaja de Scrivener (y su objetivo principal) es ofrecernos un programa que nos permita reunir y organizar todos los elementos de nuestro proyecto: el texto en sí, la documentación y las anotaciones pertinentes.

Lo primero que llama la atención del programa es su interfaz. Es limpia y elegante. Destacan tres áreas: una barra lateral a la izquierda, llamada binder, el área de trabajo central y otra barra lateral a la derecha, o inspector.

El cuerpo central de la interfaz es nuestra área de trabajo principal. Se encarga de mostrarnos el elemento o elementos que seleccionemos, según tres formas o vistas, de las que hablaremos dentro de poco.

La barra lateral izquierda, o binder, nos muestra el árbol jerárquico de nuestro proyecto. Hay dos tipos de elementos principales en un proyecto: textos y directorios. Los primeros no requieren demasiada explicación. Los segundos son contenedores en los que agrupar los textos. Suena simple, pero gracias a la flexibilidad de este árbol jerárquico podemos organizar cualquier proyecto en unos pocos minutos, y reestructurarlo a nuestro antojo cuando queramos.

(Hay un tercer elemento, las referencias o archivos incrustados, pero de ellos hablaremos más adelante.)

Una de las características claves de Scrivener, que ya he comentado antes, es que podemos mostrar uno o varios elementos de nuestro proyecto en el área de trabajo principal. De esta forma, y repitiendo metáfora, podemos concentrarnos en un árbol, en unos cuantos o en todo el bosque, si queremos.

Por último, la barra lateral derecha, o inspector, se ocupa de los metadatos del elemento. Con metadatos me refiero a las características de cada elemento, las cuales nos permitirán clasificarlo e identificarlo más adelante. En un capítulo de una novela, por ejemplo, tenemos varios metadatos muy útiles para rellenar: la sinopsis, varias etiquetas de estado (si es un borrador, una versión final o solo un bosquejo), palabras clave y referencias (vínculos a datos, ya sea internos o externos, como una dirección web).

Dijimos antes que tenemos tres formas de visualizar nuestro proyecto en el área de trabajo principal. Son estas:

Text view (Vista de texto): La que podríamos esperar de un procesador de textos al uso. Se usa para escribir directamente el texto, y dispone de un modo de pantalla completa, que en Mac (pero aún no en Windows) es configurable a gusto del usuario.

Captura de pantalla: vista de texto

Captura de pantalla: vista de texto


En esta vista, una de las primeras cosas que llaman la atención al común de los usuarios es que no existe la página como tal. El texto fluye de forma continua; si queremos “maquetar”, tendremos que recurrir a una compilación del texto: podemos exportarlo a diversos formatos (.rtf, odt, pdf), con la composición que elijamos.

Corkboard view (Vista de panel de corcho): Mi vista favorita. Si la seleccionamos, veremos de un plumazo los elementos de nuestro proyecto, a modo de fichas pinchadas en un panel de corcho. Las fichas muestran el título y la sinopsis de cada elemento, y solo se muestra el nivel jerárquico seleccionado en el árbol del binder.

Captura de pantalla: vista de panel de corcho

Captura de pantalla: vista de panel de corcho


Outline view (Vista de esquema): En esta vista vemos nuestro proyecto a modo de outline, o esquema, lo cual nos permite de un vistazo ver la estructura de una novela, por ejemplo.

Captura de pantalla: vista de esquema

Captura de pantalla: vista de esquema


(Estas tres formas de visualizar nuestro proyecto pueden simultanearse mediante divisiones de la interfaz en ventanas verticales u horizontales.)

Otra de las características interesantes de Scrivener es la posibilidad de agrupar documentos de texto, imagen, audio y vídeo en diferentes formatos, como jpg, pdf o avi. La idea es reunir la documentación que necesitamos, para tenerla a mano si queremos consultarla. (Lástima que no contemple una integración con programas de notas, como Evernote.) Como nota curiosa, en el caso de que importemos archivos de imagen, la vista de panel de corcho viene a ser una vista de miniaturas.

Más aún, Scrivener calcula estadísticas de la selección de textos que hagamos o de todo el proyecto. Podemos ver una lista de las palabras que usamos con más frecuencia, lo cual es estupendo para cazar latiguillos y vicios de estilo.

No todo es perfecto, claro está. Entre las características que más echo en falta es una vista de esquema más poderosa, con la posibilidad de organizar escenas o capítulos mediante varios criterios, como, por ejemplo, una línea temporal o cronograma. Esto sería idóneo para organizar el flujo de acontecimientos en una historia, sobre todo si tiramos de analepsis (retrospecciones) o prolepsis (flashforwards, saltos hacia adelante en el tiempo).

Otra desventaja es que su interfaz, al menos por ahora, no está traducida al español, lo cual puede ser un impedimento para los que no estén muy familiarizados con ese idioma.

Y por último, Scrivener no es gratuito. El precio final de este producto estará sobre los 30 euros. Me parece una inversión razonable para lo que ofrece, pero claro está, eso dependerá de cada uno.

Y para terminar…

Tal y como comenté al principio, Scrivener está en fase beta. Su lanzamiento es inminente, pero el programa promete, desde luego.

Como conclusión, si tuviera que resumir lo mejor de Scrivener en unas pocas líneas, me quedaría con la capacidad de tener, en un solo lugar, todo la información de un proyecto. ¿Tienes notas sobre personajes? Agrúpalas en un directorio y échales un ojo de un vistazo. ¿Un esquema, bosquejo o guión de tus capítulos? Lo mismo. ¿Notas sobre el trasfondo? Ídem de lienzo.

En cualquier caso, si os ha parecido interesante, os animo a probar la beta. Podéis descargarla aquí:

http://www.literatureandlatte.com/scrivenerforwindows/

Una nota final sobre la elección de los programas:

En otros artículos de esta bitácora he defendido el software de código abierto, por lo que es un poco contradictorio que favorezca un programa de código cerrado y que no es gratuito.

Lamentablemente, no he encontrado un programa gratuito y de código abierto que iguale a Scrivener. No obstante, en breve le daré un repaso a las alternativas gratuitas que he probado.

Notas:

[1]Quizá algunos de vosotros os preguntéis a qué me refiero con escritura creativa. No es más que la literatura (ficción o no ficción) situada fuera del alcance de la escritura profesional, técnica, periodística o académica. Principalmente hablamos de géneros como el cuento, novela, poesía o el guión, y dentro de estos, como era de esperar, especialmente el de la novela.

[2]Sí, claro está: podemos dividirlo en secciones, por ejemplo, pero en cuanto el recuento de palabras sube, el documento se hace cada vez más impracticable.