No me gustan los vampiros mojigatos (en plan maricona, para que se me entienda). Y sí, me refiero a la saga de Crepúsculo y la madre que parió a sus vampiros moñas.

He de confesar que el mito del vampiro nunca me ha fascinado realmente, aunque comprendo perfectamente el tirón que tiene. No obstante, de preferir prefiero un vampiro cruel. Uno bien cabrón, vamos. Y que sea cabrón por su psique humana, no por su naturaleza vampírica.

Un vampiro no deja de ser una metáfora del poder, con limitaciones, eso sí, pero un gran poder; y todos sabemos que un gran poder… corrompe. Así que no, lo siento, no puedo tragarme que una criatura tan poderosa, ansiosa de sangre y muy astuta tenga buen corazón, o no sea más que una bestia sin seso.

No: lo suyo es un vampiro astuto y con mucha mala hostia. Como decía antes, un vampiro bien cabrón.

Los vampiros de True Blood tienen bastante de eso. No es que sea o pretenda ser la historia de vampiros definitiva. No lo es; de hecho, su arco argumental –desconozco las novelas de Charlaine Harris[1], así que me remito a la serie– es modesto, hasta simplón. Su principal virtud es narrar una historia con honestidad, sin tapujos y con una buena dosis de humor negro.

La trama principal, la historia de amor entre la humana Sookie[2] y el vampiro Bill Compton, no es un romance idílico y cursilón; no, ni mucho menos. Es una historia de amor llena de altibajos, de egoísmo, dudas, y muchas vicisitudes. Y de sexo, vampírico, pero sexo.

He de reconocer que con las cortapisas propias de una serie enfocada al público adolescente hubiera sido prácticamente imposible contar una historia así de cachonda e interesante. Pero insisto: no me valen las cortapisas morales en una historia en la que salen criaturas que son predadores de la raza humana por naturaleza. Haber elegido otra ambientación, coño. Yo qué sé: hadas del País de Nunca Jamás, pitufos, ositos de gominola… pero no vampiros, hombre. Es como querer hacer una película sobre mujeres de vida alegre y pretender que no salga ni un triste par de tetas. La elipsis tiene un límite como recurso.

En fin. True Blood finalizó su tercera temporada el pasado domingo. Ya han anunciado que habrá al menos una cuarta, y yo que me alegro. Para terminar, pondré un vídeo: la cabecera de True Blood. Así tengo excusa para oír una vez más el estupendo tema de Jace Everett:

[1] Tras la enorme decepción que me supuso la lectura de “El Oscuro Pasajero”, de Jeff Lindsay (el origen literario de la serie Dexter), me lo estoy pensando muy mucho.

[2] Interpretada por la suculenta Anna Paquin, antaño Pícara en X-Men.