Hace unos seis meses, en una de las pocas ocasiones que he comentado novedades cinematográficas en esta bitácora, hablé de La legión del Águila (The Eagle, en gringo), una nueva cita con el peplum, género que, como el western, se resiste a morir cual gato panza arriba.

Por si se han despistado (la película se estrenó hace una semana) les pongo aquí la sinopsis:

En el año 117 d. C. la Novena Legión Hispánica se internó en las nieblas de Caledonia y entró en la leyenda, pues nadie tuvo nunca más noticia de ella ni de los hombres que la integraban. Veinte años después, Marco, hijo de unos centuriones de la desdichada legión, recala en Britania con su unidad de auxiliares galos. Gravemente herido durante un levantamiento de la población britana de origen celta, debe abandonar el servicio, pero se le presenta la oportunidad de correr la mayor aventura de su vida porque al norte del Muro de Adriano, entre las tribus todavía por conquistar, corre el rumor de que ha reaparecido un poderoso amuleto de guerra: el Águila de una legión romana. Sólo puede ser el Águila de la Novena y Marco se internará en las brumas del norte para arrebatar el trofeo a los bárbaros, devolver el honor a la legión de su padre y resolver el enigma de su misteriosa desaparición.

¿Les suena de algo? Seguramente que sí: a Centurión, de Neil Marshall, estrenada en agosto del año pasado. ¿Se han fijado que ocurre con mucha frecuencia que las películas sobre una temática concreta aparecen, como las setas, en racimos? Pares, incluso tríos de películas, con argumentos similares en un breve espacio de tiempo. Y yo me pregunto: ¿a que se debe?  ¿Espionaje en la industria del cine? ¿Intento descarado de aprovechar el éxito de anteriores películas? ¿Absoluta falta de originalidad? Lo ignoro.

El caso es que tanto Centurión como La legión del Águila tienen premisas similares: comparten las tierras del norte de Britania, más allá del muro de Adriano, como localización, y ambas tienen como tema el fracaso del Imperio Romano en domeñar dichas tierras.

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La legión del Águila parte de un original literario, al contrario que Centurión, la novela de Rosemary Sutcliff El Águila de la novena legión; pero lamentablemente, no tengo señas ni de la autora ni de su obra, ni —lógicamente— puedo atestiguar la fidelidad de la adaptación cinematográfica.

La legión del Águila se estructura en tres actos bien diferenciados. El mejor, el primero, promete acción y épica a raudales cuando el protagonista, Marco Aquila (Channing Tatum), ocupa el mando del puesto fronterizo romano en el que perdió la honra y la vida su padre. En el segundo acto, donde entra en escena Jamie Bell (ex Billy Elliot) en el papel del esclavo britano Esca, la trama da un giro: de la épica a una suerte de road movie “de sandalia” con la búsqueda de la dignitas perdida como motor (la dichosa águila). Y por último, el tercer acto es un survival horror con resolución épica algo descafeinada.

Es en este último tramo donde La legión del Águila se acerca más a Centurión, de Neill Marshall. No hay muchas más coincidencias: ambas películas tienen un tono y un planteamiento muy dispar. Se parecen como un huevo a una castaña, vamos. Donde Centurión tiene un enfoque mucho más peliculero, en una clara concesión a un ritmo trepidante, La Legión del Águila es mucho más pausada y realista (a pesar del ya conocido error garrafal de mostrar jinetes usando estribos, que parece obligado en este género).

Probablemente, lo que falla en la película es que confía su peso dramático en los hombros de sus protagonistas, y estos no saben estar a la altura de lo que requería el filme. A Tatum, (Marco), le falta autoridad, auctoritas, usando el término romano; y en el caso de Bell, le falta salvajismo, violencia. O más de media torta.

Era inevitable que, como he leído en las reseñas anglosajonas, La legión del Águila fuera considerada como un bromance a la romana. El término bromance, que desconocía, viene a señalar una historia romántica homosexual platónica (vamos, sin arrimarse la sardina ni nada de eso). No creo que sea tal, pero vivimos unos tiempos en los que las mentes retorcidas y salaces hablan sin freno, y cualquier historia con protagonistas masculinos sin mujeres para aliviar la tensión acaba etiquetada así. O tempora, o mores, que dijo un filósofo.

Para concluir, y retomando la comparación con Centurión, esta última sale ganando, por muy de acción palomitera que la queramos tachar. Así, en conjunto, La legión del Águila parece un quiero y no puedo. No presenta graves defectos, pero no convence ni emociona, si bien resultará entretenida al aficionado al cine histórico más recalcitrante. (Presente.)

O a los aficionados a los romances gays no explícitos… qué sé yo.