—Ortografía, puntuación, sintaxis… son anacronismos, rémoras del lenguaje. Lo importante es qué se dice, no cómo. El contenido, no el continente —dijo el escritor, tras tirar sobre el escritorio su manuscrito, cuajado de marcas en tinta roja.

El corrector de estilo asintió en silencio sin perder la calma. Después sacó la pistola y disparó a boca de jarro. A la cabeza.

Qué gran verdad: lo importante era el contenido. Ahora que estaba esparcido por toda la pared, de cualquier forma, no tuvo más remedio que darle la razón al escritor.