Mi psiquiatra tenía razón. No tengo por qué tenerle miedo a las mujeres. Al cabo, no son muy distintas de los hombres. Tienen sentimientos. Ríen. Lloran. Son de carne y hueso. Y sangre. Oh, vaya que sí. Sangre…

Alegre, empuño el bisturí y retomo mi trabajo. Tanto por hacer, tan poco tiempo…

© 29 de diciembre de 2010, José María Bravo.

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