alambre_espino Inquieto, el niño se agitó en el vientre de su madre. Un mal presagio turbaba sus pensamientos prelógicos, anticipo del dolor y sufrimiento que lo aguardaban.

Sintió el primer espasmo de agonía de su madre y se estremeció; el momento se acercaba. Por milésima noningentésima septuagésima séptima vez, nacería a un mundo yerto y sin esperanza, gracias a una tradición que lo condenaba a repetir un bucle de penurias sin fin.

Rey de reyes, lo llamaban, aunque su corona era de espinas.