Escribir reseñas nunca fue lo mío, lo admito, aunque según de qué se trate me cuesta más o menos ponerme. Escribir una reseña sobre una película como Machete es, cuando menos, complicado, porque esta película resiste todo análisis más o menos racional. Salvo que seas de esos incautos que cuando van al cine eligen una película al albur, ya has hecho la primera declaración de intenciones al ir a ver Machete sabiendo de qué va. Por tanto, es casi inútil analizarla en términos fríos y racionales.

Porque en corto, y siendo realistas, esta película es una chorrada monumental. De las de órdago, vaya. Naturalmente, es una parodia/homenaje, y una muy buena, por cierto, de las películas de acción con las que muchos hemos crecido, y está claro que no hay términos medios al calificarla.

Admitiré que no soy aficionado, precisamente, al cine de Robert Rodríguez. Nunca he comprendido cómo pudo gustar tanto en su día la sobrevaloradísima El Mariachi o su secuela, Desperados. Confieso, sin embargo, que me lo pasé genial con Abierto hasta el amanecer o Sin City, aunque dos títulos no redimen su filmografía, bastante irregular por otra parte.

Machete tiene un origen peculiar, cuando menos. Surgió de un trailer que acompañaba al experimento de Rodríguez y Tarantino, GrindHouse, como homenaje de las películas setenteras de serie Z, que se emitían en sesiones dobles. (A todo esto, yo hice el primo y fui a ver las dos películas de Grindhouse, Planet Terror y Death Proof, por separado… me estoy empezando a cabrear, oigan.)

En fin, a lo que iba: acompañando a Planet Terror, la película del tándem dirigida por Rodríguez, iba un curioso y desternillante trailer protagonizado por Danny Trejo (el mexicano feo y tatuado habitual de las pelis de Rodríguez).

El trailer no tenía desperdicio. En apenas tres minutos narraba una historia clásica de las películas de acción ochenteras, esas que, por cierto, a veces tanto echo de menos, con mucha ironía y no poca guasa.

La película Machete es ese trailer con el metraje multiplicado, así, a ojo, por 35. Pones las tres o cuatro secuencias principales del trailer y entre medio  rellenas con mucha casquería, escenas picaronas y diálogos algo sonrojantes.

Pero ahí no está el fallo de Machete. Yo esperaba eso precisamente cuando fui a verla. Lo malo es que, tras un comienzo cojonudo, la película va perdiendo fuelle e interés, hasta que me resultó un coñazo casi insoportable, con una batalla final que debía de ser un clímax apoteósico y no fue sino una escena torpe, aburrida y mal narrada.

Quizá los más morbosos le encuentren el gustito a ver a un Steven Seagal en declive, penoso y fondón, o al desaparecido Don Johnson (también da lo suyo de grima), o a Robert De Niro en el papel que no le dará otro Óscar, precisamente, o a Lindsay Lohan en una autoparodia desangelada; a mí, desde luego, no me hizo mucho chiste. Aunque admito que no acabo de cogerle el punto a eso de los cameos en el cine. Tienen su gracia. Un poco. O quizá la tenían antes de que abusaran del recurso Tarantino y familia.

Resumiendo: vayan a verla por su cuenta y riesgo. Al menos espero que se lo pasen bomba con los primeros minutos; eso ya es algo, a tenor del cine que nos deja la cartelera.