Hispania_01

¿Hay luz al final del tunel? Esta vez no…

Les juro que no sabía cómo escribir esta puñetera reseña. La venía posponiendo desde el pasado martes, tras haber visto el piloto de Hispania. La escribo cuando vea el segundo, me dije. Y tras ver el segundo capítulo (o medio verlo, porque no lo terminé), aún quería posponerla más. Cuando vea el tercero. Pero como resulta que no voy a ver más capítulos de esta serie, me dije que o la escribía ya, u olvidaba el asunto. Es obvio lo que decidí hacer. Así que voy a ello; trataré de ser breve.

En las pocas ocasiones que he escrito sobre obras patrias, tanto en literatura, cine o televisión, tengo el temor de incurrir en excesos de entusiasmo (dar jabón, vamos, en lenguaje llano), o de que me pueda un ramalazo cainita, de esos cargados de mala leche, y sea especialmente duro con lo que reseño.

Así que voy a intentar ser objetivo, aunque me sea difícil, porque me duele que se haya desperdiciado (ya no se cuántas van) otra oportunidad de hacer buen cine o televisión de corte histórico/épico. Me pasó, por ejemplo, con Alatriste (no tengo palabras para expresar la decepción tras verla), o con Águila Roja (para esta sí que tengo unos cuantos adjetivos, pero seré elegante y los callaré).

No sé de qué me sorprendo, sin embargo. Lo estaba viendo. Desde que me enteré que Antena 3 iba a hacer una serie histórica “a lo Rome” me puse en guardia. Pero luché contra el cainismo innato (uno es español, eso está de serie) del que hablé antes, y procuré no predisponerme en contra. Hasta me ilusioné y todo, lo juro. Igual esta vez me equivoco, y hacemos una serie resultona, oye. Igual…

 

Hispania_02

Esto que te pincha no es el pomo del gladius, esclava. Groaar.

 

No, no me equivocaba, por desgracia. De acuerdo, Antena 3 no es la HBO, pero yo esperaba algo más. En el fondo, hubiera estado dispuesto a perdonar a Hispania sus fallos históricos (que otros más capacitados que yo ya han señalado y señalarán en otros rincones de la red), ni su empobrecedor maniqueísmo (los romanos son malos hasta la estulticia o psicopatía; los hispanos son almas cándidas, oprimidas por el imperialismo romano, y oh, desdicha, no tienen más remedio que luchar por su tierra); ni sus fallos de ambientación (esos actores limpios, como recién duchados, de sonrisas perfectas); ni incurrir en el casi inevitable actualismo, el no saber (o no querer) situarse en el contexto moral y social de una historia. Así, me entra la risa al ver cómo Viriato y Helena discuten porque este quiere matar a un romano que le molesta; o cómo la esposa del pretor Galba lo humilla y mangonea delante de su tropa, una afrenta intolerable para todo pater familias romano e impensable en una sociedad que, nos guste o no, era machista. Mucho, además.

 

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Marco: Malo, malísimo

 

Esos, y otros fallos, son reprochables, sí, pero no me hubieran importado tanto si la serie ofreciera lo que buscaba: credibilidad, solidez narrativa, emoción. Algo que me hiciera seguir viéndola. Y sobre todo, por favor, no sentir bochorno por escenas cuya credibilidad no se sostiene ni queriendo, como la entrega de armas hispanas a los romanos, o la infiltración de Viriato y sus hombres en el campamento romano, por citar dos ejemplos. A esa falta de verosimilitud hacen flaco favor las interpretaciones desmayadas de muchos de los actores del reparto, tal que en uno de los pésimos doblajes con los que últimamente se maltratan las series extranjeras (y que sobradamente justifican el esnobismo de verlas en V.O.).

 

Hispania_04

Claudia: respondona

 

Como nota final, se ve claramente que los productores han analizado los elementos que han funcionado en otras series de éxito de la ficción norteamericana, y han tomado muchos de sus ingredientes clave: algunas gotitas de violencia y sangre (digital, por supuesto), situaciones picantes (unas cuantas tetas y algo de bondage esclava-amo) y la ración habitual de conflicto para cada personaje, a desarrollar en subtramas paralelas a la narración principal. Pero seamos francos: tristemente, en España aún falta mucho oficio para hacer un buen caldo con ingredientes parecidos; por ahora, no queda sino hacer como con las lentejas, que si no las quieres, las dejas. Yo, la verdad, de momento las dejo. Que les aproveche a otros.