Ha llovido lo suyo desde el último reporte de novedades: un año largo, lleno de cambios y quebrantos de los que aquí no hablaré. Escribir en el blog es una costumbre ya casi perdida; pero va, venga, hagamos un poder, como dicen por mi tierra, y escribamos una recapitulación por temas de este 2025 que ya acaba:

Escritura

Este año no he publicado nada, aunque la paradoja es que es uno de los años en los que más he escrito, aunque nada de ello con idea de publicarlo (lo entenderán si me tienen paciencia). Lo último que publiqué, Dead wrong, fue en noviembre de 2024. Cabe decir que tuvo escasa repercusión, pero qué más da: estoy satisfecho con la obra.

¿Qué demonios he escrito, entonces? En una sola palabra, mundografía1 de Últer, el mundo alternativo en el que ambiento mis obras de fantasía histórica (de momento, solo Sombras y ceniza , pero tengo varios guisos a fuego lento en la cocina).

De Últer tocará hablar algún día con más detalle y tiempo (si tienen curiosidad, pueden echarle un ojo al apéndice de Sombras y ceniza, disponible aquí , donde se presenta lo esencial), pero bastará por ahora con decir que es el resultado de muchos años de esfuerzos dispersos. Surgió de las cenizas de Darlum, una ambientación de fantasía tan antigua como mis primeras partidas a D&D a mis tiernos trece años.

El caso es que nunca seguí un sistema para documentarme o escribir la información de trasfondo de las historias ambientadas en Últer. Tenía mucho y a la vez nada; nada que pudiera consultar. Y lo había intentado, créanme: ya en 2013, en este mismo blog, hablé de montar una wiki en DokuWiki (su único propósito era ese, organizar la documentación de Últer). Antes de eso, tenía ensayos y notas en documentos de Word dispersos; también había probado Evernote. Y, cómo no, acumulaba un rimero de notas manuscritas. Muchas notas. En papeles sueltos, en libretas, cuadernos y qué-sé-yo.

DokuWiki, al final, resultó incómodo para uso personal y terminé abandonándolo. Así que volví a un gestor de notas, esta vez OneNote. No funcionó. Probé también a usar Scrivener, el software que usaba para escribir el primer manuscrito de mis textos. Funcionó igual o peor.

Algo sí funcionó, empero. Lo estoy usando ahora mismo para escribir esta entrada. Ha sido, sin lugar a dudas, un revulsivo: un software en apariencia simple, gratuito, que desconocía por completo pese a llevar unos años en activo (desde 2020): Obsidian.

Descubrir Obsidian fue un revulsivo, como decía antes. Tocará glosar las bondades de Obsidian en otro artículo: por ahora, bastará con decir que ha sido la respuesta a mis plegarias, pues satisface casi punto por punto todo lo que le pedía a una aplicación de notas. Y, donde no llegaba lo básico de la aplicación, llegaban los complementos (plugins) desarrollados por la comunidad.

Así que buena parte de este 2025 lo he ocupado en trasladar, laboriosamente, toda la información acumulada sobre Últer a una bóveda (vault) de Obsidian: documentos de Word, notas manuscritas, libretas de OneNote, proyectos de Scrivener, los restos de la vieja wiki en DokuWiki… todo, en fin, que pudiera tener utilidad, desde meras menciones a ensayos serios sobre el trasfondo de Últer.

Aproveché también para leer, cinco años más tarde, Sombras y ceniza, para anotar todo el trasfondo que pudiera escapárseme, recopilar citas, comprobar una vez más la coherencia, etc.

La tarea me ha llevado meses y no he terminado aún (realmente, uno nunca acaba una tarea así, sino que la abandona o muere mientras la hace), pero créanme, tiene mucha, mucha mejor pinta la cosa. En el tercer trimestre de este año, otro factor clave entró en juego: el uso de inteligencia artificial.

Oigo quizá el rasgar de alguna vestidura en los atrios del templo. Oh. Ah. ¡Ha reconocido que usa IA! ¡Felón! ¡A la hoguera con él! Sí, sí, lo que ustedes quieran. Tengo que escribir un artículo sobre IA, injerencias en la escritura y demás hipocresías, porque tiene su miga, el tema. A lo que iba: usar IA me ha ayudado a organizar, revisar y reestructurar los artículos de Últer. Tras dar muchos tumbos, Claude.ai ha sido un descubrimiento increíble. Pero lo dicho, de eso tocará hablar en otro momento.

Sea como fuere, las perspectivas para el año en ciernes son buenas. Tengo ideas para muchos proyectos, más de las que puedo acometer, a fuer de sinceros, con el nivel de dedicación actual —las ideas son baratas, el tiempo escaso; ars longa, vita brevis, que dijo un señor griego—, y encima un proyecto que no esperaba ha desplazado a los demás: la novela La bestia debe morir.

La idea no era escribir esta novela. En absoluto, vaya. La idea era publicar un texto viejo, remozado y limpio de polvo y paja, para hacer limpieza de cajones. La bestia no debe nacer era un relato largo o novela corta que escribí allá por 1999 (que ya ha llovido, oiga) y al que tenía algo de cariño (ese cariño que es mejor no poner a prueba con una relectura y dejar como poso sin remover, no sea que amargue). La idea, vaya, no era tan mala. Cojo un texto antiguo, lo reviso, remozo y adecento un poco. Un poco. Y tengo otra obra más para hacer catálogo, que no se diga. La idea, insisto, era buena.

Pero claro está, uno es como es. La cosa se me fue de las manos pronto. El remozado previsto amenazó pronto con convertirse en una reescritura. Uno no puede cambiar tanto un texto, porque acaba siendo otra cosa distinta. Publicar La bestia no debe nacer tal cual no era una opción cómoda —el texto me producía algo de sonrojo—; descartar sin más la obra, tampoco.

Y al final, en el proceso de pensar y repensar qué hacer con ella, surgió una idea distinta: una novela completamente distinta, relacionada con el texto original en dos o tres nombres y situaciones, y con un desplazamiento del elemento fantástico de lo literal a lo metafórico: de una novela cuya temática era la licantropía, pasé a una historia mucho más enrevesada donde la licantropía no era literal sino simbólica.

En fin. Mi previsión es comenzar a escribir la novela a partir del segundo trimestre de 2026. No hay prisa, qué demonios. La única ventaja de ser un autor prácticamente desconocido y vocacional es escribir lo que uno quiere, cuando uno quiere, sin mayor acicate que el gusto por escribir y haber escrito.

Lecturas

¿Sigue usted ahí? Perfecto. Sigamos. Ahora toca recapitular mis lecturas de este año. No deja de ser curioso que lea cada vez menos género fantástico. De hecho, sensu stricto no he leído nada «de género» digno de mención en varios años.

Si tuviera que destacar una lectura de este año, sin duda esta sería la segunda entrega de Mil ojos esconde la noche, de Juan Manuel de Prada. A este señor parece que uno lo odia o lo ama, si llega a conocerlo. Ese es el riesgo de la exposición de los autores, claro, y de poner el foco en qué dicen y en qué bando se sitúan: algo tan estúpido como limitante.

En cualquier caso, las dos entregas de Mil ojos esconde la noche son apabullantes en lo físico (tochazo, oiga) y lo literario. Leí una interesante críticas de la primera parte en el blog Me sé cosicas , a la que curiosamente no le quito la razón, pero mis motivos tengo para leer lo que leo: desde Las máscaras del héroe, Mil ojos esconde la noche (publicada en dos partes) es lo mejor que he leído del autor: novela tremenda, soberbia, cruel y atrabiliaria, es una lectura que debo recomendarles.».

Mención aparte exige, acaso por la nostalgia, la última novela de Alatriste, Misión en París. Tan inopinada e insólita como el sonido de las teclas en el despacho de George R. R. Martin, leer Misión en París era inexcusable. Tantos años esperando una continuación para que, cuando el autor se pone a ello, te pilla ya mayor y sin ganas. Pero bueno. Leerla fue… agridulce. No escribo reseñas, como bien expliqué en su día, por pura pereza o respeto, pero me despacharé con una sola palabra sobre la novela (ay): refrito. La nostalgia es poderosa, sí, pero no ha podido disimular el tufo de un aceite tan rancio como el de esta novela. Y no diré más.

Menciones honorables: Don Juan, de Torrente Ballester, magnífica y fantástica en más de una acepción; la enésima lectura de Pascual Duarte, Pedro Páramo y la divertida pero olvidable Pantaleón y las visitadoras, de Vargas Llosa (descanse en paz).

Visto

Este año, por quedarme con algo, me quedaría sin duda con cintas como Frankenstein, de del Toro; Longlegs, 28 years later, Nosferatu, Dune 2, Smile 2 y mi segundo visionado de The northman. (Sí, sé que algunas de estas no son de este año. Voy a mi ritmo, oigan).

Mi resumen de lo anterior: viva Robert Eggers y la madre que lo parió.

Jugado

2025 no ha sido un año en el que me haya prodigado mucho; juego poco, o incluso cabe decir que rejuego poco y juego menos aún. Si acaso, el cambio de plataforma, ya obligado, de PS4 a PS5, me permitió jugar (¿rejugar?) clásicos tales como Demon’s Soul o Silent Hill 2 y descubrir otra obsesión: Returnal, una maravilla de 2021 obra del estudio Housemarque, que pasa a mi lista de desarrolladoras favoritas junto a FromSoftware o Arcane Studios.

Y creo yo que ya basta, ¿no? Feliz 2026, a todo esto. Nos vemos.


  1. ‘Mundografía’ es un palabro poco usado frente al barbarismo worldbuilding , pero me obcecaré en su uso por principios personales. En esencia, se trata de crear elementos descriptivos de mundos ficticios. ↩︎