<?xml version="1.0" encoding="utf-8" standalone="yes"?><rss version="2.0" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"><channel><title>Esgrima on Sitio web de José María Bravo Lineros</title><link>https://jmbravo.com/tags/esgrima/</link><description>Recent content in Esgrima on Sitio web de José María Bravo Lineros</description><generator>Hugo</generator><language>es-es</language><lastBuildDate>Thu, 16 Jun 2011 00:00:00 +0000</lastBuildDate><atom:link href="https://jmbravo.com/tags/esgrima/index.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><item><title>De espadas y falacias (ii)</title><link>https://jmbravo.com/posts/espadas-y-falacias-ii/</link><pubDate>Thu, 16 Jun 2011 00:00:00 +0000</pubDate><guid>https://jmbravo.com/posts/espadas-y-falacias-ii/</guid><description>&lt;p&gt;&lt;em&gt;(Viene de la &lt;a href="https://jmbravo.com/espadas-y-falacias-i/"&gt;primera parte&lt;/a&gt;
 de este artículo.)&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;h3 id="mito-nº-6-las-espadas-a-dos-manos"&gt;Mito n.º 6: Las espadas a dos manos&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Antes de seguir conviene hacer una aclaración breve sobre a qué me refiero con el término &lt;em&gt;espada a dos manos&lt;/em&gt;. En el imaginario popular, estas espadas son enormes, pesadas e imponentes, y las manejan guerreros no menos enormes e imponentes para dar brutales tajos y reveses (entre gruñidos, para conferir aún más fiereza a la imagen).&lt;/p&gt;</description></item><item><title>De espadas y falacias (i)</title><link>https://jmbravo.com/posts/espadas-y-falacias-i/</link><pubDate>Sun, 12 Jun 2011 00:00:00 +0000</pubDate><guid>https://jmbravo.com/posts/espadas-y-falacias-i/</guid><description>&lt;p&gt;&lt;img src="https://jmbravo.com/posts/espadas-y-falacias-i/images/excalibur1.jpg" alt="excalibur"&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Debía tener seis o siete años, calculo, la primera vez que la vi, y desde sus primeros fotogramas quedé fascinado. Años después volví a verla; ya no era lo mismo. Había envejecido bastante mal, y los combates a espada entre caballeros enfundados en brillantes (y anacrónicas) armaduras habían perdido mucho de su atractivo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hablo de &lt;em&gt;Excalibur&lt;/em&gt;, la película de John Boorman de 1981. Creo que ese fue el comienzo de mi fascinación por las armas blancas y, cómo no, en especial por la espada. Muchos han sentido la misma fascinación por ella, y no es de extrañar: prácticamente todas las culturas guerreras la han tenido como arma señera en su panoplia, e incluso las que no alcanzaron a dominar la forja del acero (porque no es tarea baladí convertir un lingote de hierro en una espada bien equilibrada, con un filo duro y tenaz a un tiempo), incluso esas culturas, decía, han tenido armas semejantes, como por ejemplo las macanas&lt;sup id="fnref:1"&gt;&lt;a href="#fn:1" class="footnote-ref" role="doc-noteref"&gt;1&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; (híbrido de espada y maza) en el caso de las culturas precolombinas.&lt;/p&gt;</description></item></channel></rss>