Habitualmente, el paradigma histórico instalado en el subconsciente del lector medio de fantasía épica suele ser el medioevo, el cual siempre consideré mucho menos interesante que otras épocas, anteriores y posteriores, como la Edad Moderna, ya puestos, y en particular, la revolución cultural del Renacimiento.

Si hay algo que marcó el comienzo de la Edad Moderna en Europa fue el conflicto político y bélico que se conoce, popularmente, como “la guerra del turco”, el cual es, precisamente, el título del libro que protagoniza esta reseña. Esa “guerra del turco” que tuvo en vilo a Europa durante los siglos XVI y XVII fue, también, donde sus dos principales protagonistas, el Imperio Español y el Otomano, brillaron con más fuerza y esplendor. Pero dejaré al autor de este libro, Fernando Martínez Laínez, que lo exprese mucho mejor:

La guerra contra el Imperio Turco, conocida popularmente como “La guerra del turco”, fue la más penosa y prolongada que España libró a lo largo de su historia. Duró más de 200 años y tuvo como escenario principal el mar Mediterráneo y los países ribereños. Fue un enfrentamiento titánico que acabó sin vencedor final claro, obligó a un derroche descomunal de recursos en hombres y dinero y dejó casi despoblada gran parte de la costa mediterránea española. […] parece cierto a estas alturas que, sin España, es muy probable que el centro y el sur de Europa hubieran caído en manos del poder otomano, que se hallaba en el cenit de su expansión.

Lamentablemente es difícil hablar de la historia de este periodo —y no digamos ya del Imperio Español en sí—, sin suscitar controversias políticas tan desafortunadas como virulentas. Por mucho que les parezca fastidiar a unos y por mucho que nos emperremos en revisar la historia como si se tratase de un remake hecho por Disney, el Imperio Español fue grande, poderoso y dejó una profunda huella en la historia, llena de luces y sombras. Hubo muchas cosas malas y muchas buenas, y para juzgar una época y a los hombres que la vivieron hay que saber colocarse en su contexto, el cual, en el fondo, no es tan distinto al nuestro. Hoy, en la época de las “alianzas de civilizaciones” (es la magia de las palabras, permiten expresar desde la idea más brillante a la más estólida y absurda), todo esto a muchos les suena a rancio, a lejano e inmaterial, por no hablar de las asociaciones políticas sacadas de madre que tan rápido hacen algunos.

Pero en aquella época, el temor a la amenaza turca era muy real, y su impronta aún persiste en nuestro lenguaje. La expresión “No hay moros en la costa” es testimonio vivo del miedo cerval que tenían muchas poblaciones costeras a la piratería berberisca, que tantos estragos causó en el Levante español. Como bien se señala en el libro, durante dos siglos el Imperio Español se enfrentó al turco en tierra y mar cuando nadie más se atrevía. El resto de naciones, salvo las que dieron (puntualmente o de forma continua) apoyo a España contra el turco, como Génova, los Estados Pontificios o Venecia, o escondían la cabeza bajo el ala y rezaban a su Dios, protestante o no, o buscaban una paz a toda costa con el turco. Caso aparte es el de Francia, que apoyó de forma expresa al Imperio Otomano durante buena parte del conflicto; lo que fuera, en fin, con tal de dañar a su mayor y más odiado enemigo.

España fue, a más pesar que gloria, la “defensora de la cristiandad”. Porque, al margen de creencias, la fe cristiana fue, en su momento, una forma de representar la idiosincrasia y valores de una cultura en oposición a la islámica, profesada por los turcos.

En cualquier caso, y volviendo al libro en sí, La guerra del turco no es un ensayo histórico de los sesudos, por así decirlo, dada su extensión y relativa ligereza, pero es una lectura amena y una excelente introducción al conflicto entre el españoles y turcos. Abarca desde los orígenes que fraguaron el Imperio Otomano hasta el fin de la contienda, pasando por la piratería en el mediterráneo (con lógico hincapié en sus figuras más notables, como los hermanos Barbarroja), el avance turco en Europa, la pugna por los puertos clave de la costa mediterránea (Argel, Orán y Tremecén, entre otros) y, por supuesto, la batalla de Lepanto, “la más alta ocasión que vieron los siglos”, que dijo Cervantes de ella, a la que da su debida importancia, sin ningunearla ni glorificarla en exceso.

El libro se complementa con dos desplegables a todo color, con mapas e ilustraciones más que solventes, y varios capítulos sobre el trasfondo histórico: uno dedicado a esbozar el armamento, los navíos y fortificaciones, con detalles sobre las dotaciones de las galeras y un interesante apunte sobre el espionaje de la época; un glosario de términos; otro de personalidades, a modo de dramatis personae (un quién es quién de la época, para entendernos); una cronología; y por último, como debe ser, una bibliografía bastante completa.

Lo dicho: no es el libro definitivo de la época o el conflicto entre ambos imperios, ni creo que lo pretenda, pero sí una excelente introducción y un resumen del periodo que se lee con mucha facilidad, hasta por el lector poco aficionado a textos históricos. De la misma editorial tenemos otros textos del autor, en solitario o en colaboración con otros autores, que prometen ser también muy interesantes y que van, por cierto, directamente a mi lista de deseos:

  • El Gran Capitán
  • Una pica en Flandes
  • Tercios de España

Y como postre, os dejo con este vídeo de una entrevista al autor, Fernando Martínez Laínez: