Lo prometido es deuda; tal y como os adelanté en esta entrada, aquí tenéis el primero de los informes de Ouróboros, que he dividido en dos partes, una dedicada a la pasiva y la otra al gerundio. Espero que os resulte interesante.

La voz pasiva

1. ¿Qué es?

En la Gramática de la Lengua Española, de Emilio Alarcos Llorach, encontramos esta entrada re­lativa a la voz pasiva:

Además de persona y número, (…) se incluyen en el verbo otros morfemas propios que (…) no afectan más que a la significación de la raíz léxica. Son los morfemas o accidentes conocidos con los términos de voz, modo, tiempo y aspecto.

La voz, o diátesis, hace patente el tipo de relación que se establece entre el significado de la ra­íz y el morfema de persona que actúa como sujeto gramatical (…). Cuando la persona sujeto se refiere al actor se suele hablar de ‘sujeto agente’, y cuando se refiere al objeto que la padece se habla de ‘sujeto paciente’. (…) En español (…) la expresión de los contenidos ‘activo’ y ‘pasivo’ no afecta a la estructura de la forma verbal, sino solo a la construcción del enunciado. Si en ‘El campeón fue vencido’ se dice que hay un contenido ‘pasivo’ y en ‘El campeón fue vencedor’ no, se debe exclusivamente a la signifi­cación de la unidad ‘vencido’, y en ningún modo a la forma verbal, que en ambos casos presenta los mismos morfemas gramaticales.

¿Pero de qué estamos hablando, en definitiva? Veámoslo con estos dos ejemplos:

1. Juan llena el cántaro

2. El cántaro es llenado por Juan.

La primera oración está en voz activa (o diátesis activa); la segunda, en voz pasiva (o diátesis pasiva). Hay una diferencia fundamental entre ambas: el sujeto. En la primera oración, Juan es el sujeto y al tiempo es el agente1 del verbo: es un sujeto agente. En la segunda, el sujeto no es el agente de la acción del verbo, sino el paciente o la persona paciente2: es decir, no realiza la acción, sino que la sufre, experimenta o recibe; es, por tanto, un sujeto paciente.

Veamos este tercer ejemplo:

3. El cántaro se llena.
Esta construcción es una “pasiva refleja”. El sujeto (cántaro) sigue siendo un sujeto paciente, ya que recibe la acción del verbo, pero como es obvio, no hay complemento agente. Y por último, un cuarto ejemplo:

4. Juan se levanta.

Este ejemplo pertenece a la llamada en ocasiones “voz media” o “diátesis media” de los ver­bos reflexivos3. El sujeto, Juan, es el objeto de la acción del verbo y a la vez es el sujeto agente.

 

2. Problemática:

 

Bien, ¿pero qué problema hay, realmente, con las construcciones en pasiva?

Muchos. Pero vayamos por partes.

En primer lugar, en el uso normal de nuestra lengua las construcciones en pasiva no son natu­rales. De hecho, históricamente está constatado que el castellano se apartó durante muchos siglos del uso de las pasivas. Tal y como podemos leer en la página 451 del Esbozo de una gramática de la len­gua española,

Nuestro idioma tiene marcada preferencia por la construcción activa. Ya en el Cantar de Mío Cid, la pasiva con ser se usa menos que en latín, y este uso relativamente escaso ha ido decreciendo desde entonces acá entre las oraciones ‘Los corresponsales han transmitido nuevas informaciones’ y ‘Nuevas informaciones han sido transmitidas por los corresponsales’, o ‘Por los corresponsales han sido transmitidas nuevas informaciones’, el sentido lingüístico hispano prefiere decididamente la primera. Podríamos pensar que el carácter nominal de las construcciones pasivas con “ser” (asimilables por su forma a las oraciones del verbo copulativo), choca con la tendencia idiomática a preferir la construcción verbal, dinámica y animada, que se manifiesta también en otros puntos de nuestra sintaxis. Las lenguas francesa e inglesa emplean la pasiva, y otras construcciones nominales, en proporciones mucho mayo­res que la nuestra. Conviene que los traductores tengan en cuenta esta preferencia para no cometer faltas de estilo y aun incorrecciones gramaticales. Por otra parte, el empleo creciente de la pasiva refleja e impersonal contribuye a limitar la frecuencia de la pasiva con ser.

No obstante, el hecho de que históricamente la forma pasiva no sea usual en nuestra lengua no constituye razón suficiente para desterrarla, por supuesto; es más, de tener ventajas indiscutibles, no deberíamos dudar en usarla. Sin embargo, las construcciones en pasiva suponen problemas en cuanto a la forma y el fondo de un texto.

Veámoslo en el siguiente ejemplo:

La verdura fue comida por Pedro con deleite. Mientras el agua era bebida por su amiga, Pe­dro cogía un trozo de pan, que le fue tendido a Manuel. En ese momento les fue acercado el tercer pla­to.

Hagamos un análisis objetivo del equilibrio estético del texto: ¿qué problemas de forma hay por culpa de las pasivas?

a) Repeticiones del verbo ser que lastran y enlentecen la lectura del texto.

b) Posibles sonsonetes producidos por los participios (comida/bebida/tendido/acercado).

Veamos ahora el mismo ejemplo empleando voz pasiva:

Pedro comió la verdura con deleite. Mientras su amiga bebía agua, Pedro cogió un trozo de pan y se lo tendió a Manuel. En ese momento trajeron el primer plato.

¿Qué otra diferencia podemos apreciar entre el primer y el segundo ejemplo? Resulta obvio que en el primer texto apenas cuenta el sujeto; es tan solo un elemento decorativo, sin “peso” en la narración. Esto es especialmente sangrante cuando elegimos la voz pasiva para pasajes de acción que atañen a personas. Ejemplo:

Juan fue llevado al hospital, herido de gravedad.

Aquí Juan es un pelele, poco más que un bulto que alguien (no se sabe quién) acarrea hasta el hospital. Claro, está herido de gravedad: es lógico. Está claro que aquí el fallo está en la elección del sujeto. Si Juan está herido de gravedad lo más lógico es librarle de la responsabilidad de ser el sujeto de nuestra frase.

Quizá por esta causa hay un uso de las pasivas especialmente común en el lenguaje periodísti­co, de una “índole eufemística”, por así decirlo, que intenta atenuar la violencia de una expresión evi­tando el verbo en activa. Es, hablando claro, una forma de cogérsela con papel de fumar. Ejemplos:

“La mujer fue violada” actúa como un claro eufemismo de “Violaron a una mujer”. Más ejemplos sangrantes:

“La víctima fue acuchillada por su agresor hasta la muerte” en vez de “El agresor acuchilló a la víctima hasta matarla”.

“Cien personas fueron muertas al detonarse el explosivo” por “La explosión mató a cien per­sonas”.

“Los heridos fueron atendidos rápidamente” por “El personal sanitario atendió rápidamente a los heridos”.

Estas frases dan una impresión de “ingravidez”, por así decirlo; el sujeto es algo al que le su­ceden cosas, sin que parezca reaccionar; da una impresión estática, de falta de vida; muchas veces, al no indicar el agente, da la impresión de que los hechos ocurren como por arte de birlibirloque.

Las construcciones en pasivas también indican falta de resolución y timidez expresiva, al igual que por ejemplo la renuencia al usar el tiempo futuro (“El domingo queremos ir a la playa” por “El domingo iremos a la playa”). Un “La reunión ha sido convocada por la Junta” es bastante menos enér­gico que un “La Junta ha convocado una reunión”.

3. Causas de la proliferación de las pasivas:

¿Por qué proliferan tanto últimamente las construcciones en pasiva? Sin duda, una de las prin­cipales causas es la abundancia de las mismas en el idioma inglés. Sin embargo, que quede claro que el uso de la voz pasiva ya existía en el latín; no son un “invento” del inglés, por tanto, aunque sin duda buena parte del abuso de esta voz se debe al inglés.

¿Por qué? Veamos este ejemplo sencillo: en inglés son muy frecuentes las construcciones gra­maticales de esta guisa:

get dressed

get drunk

get caught

be warned

La traducción literal de estos ejemplos sería: “quedar vestido”, “quedar borracho”, “quedar atrapado” y “ser advertido”.

En inglés no es corriente decir, por ejemplo «Vestí a los niños», sino un «Quedé a los niños vestidos» (I got the children dressed). Tampoco realmente se dice «John se emborracha», sino «John queda borracho» (John gets drunk)».

Uno de los síntomas más obvios de que en inglés abundan las pasivas es la ineludible presen­cia de consejos para evitarlas a toda costa en cualquier manual de estilo de lengua inglesa.

Sabiendo esto, la ilación es obvia: la causa de la abundancia de pasivas es la influencia de las (malas) traducciones del inglés, que han ido permeando el lenguaje literario y, sobre todo, el periodísti­co.

(Aunque fuera de nuestro ámbito, es especialmente grave en este último caso, dada la enorme difusión mediática de los textos periodísticos.)

En el género fantástico es aún peor, dado que las traducciones anglosajonas son la norma. Los lectores de fantasía se encuentran con obras en las que las pasivas abundan; si tenemos en cuenta que entre esos lectores están (o es lógico que estén) los escritores de género fantástico, el problema es espe­cialmente insidioso y nada baladí: sin una corrección adecuada de estilo, estos autores incurrirán en construcciones en pasiva sin ser conscientes de ello.

4. Conclusiones:

Ya hemos visto los dos problemas principales de las pasivas:

  • Acusan graves problemas de forma por las obligadas repeticiones del verbo ser (y los posi­bles sonsonetes formados con sus participios)
  • Es la forma menos adecuada para transmitir la adecuada viveza y fuerza expresiva que de­bería transmitir una narración: despersonaliza al sujeto, le da un tono “maquinal” a nuestros textos.

Así, salvo que sea estrictamente necesario4, deberíamos evitar (que no desterrar por completo, ojo) las construcciones en pasiva. Quizá en una explicación científica o técnica o si se desea eludir la mención del sujeto tenga sentido usar la voz pasiva (y con reservas), pero en el lenguaje literario, no. Así, siempre deberíamos preferir en primer lugar la voz activa; en menor medida, la voz media, y en última instancia, la voz pasiva.

Notas:

1 Agente: tradicionalmente se llama así a la persona, animal o cosa que realiza la acción del verbo. Cuando el nombre o el sintagma nominal que los designa no es el sujeto gramatical de la oración, sino que, precedido de preposición, funciona como complemento del verbo, se denomina también complemento agente. El árbol fue derribado POR EL VENDAVAL. El director iba seguido DE SUS SECRETARIOS.

2 Persona paciente: la que recibe la acción del verbo.

3 Verbo reflexivo: verbo pronominal* en que el pronombre realiza la función de complemento directo o indirecto y corresponde a la misma persona que el sujeto. Tú TE PEINAS.

*Verbo pronominal: el que se construye en todas sus formas con pronombres reflexivos. Hay verbos exclusiva­mente pronominales, como arrepentirse. Otros adoptan determinados matices significativos o expresivos en las formas reflexivas: caerse, morirse, frente a las no reflexivas: caer, morir.

4 O sirva a un propósito: por ejemplo, podemos aprovechar esa inexpresividad y tono “maquinal” que confiere la pasiva para caracterizar el habla de un personaje especialmente apocado y gris.

© 2004, Zaral Arelsiak, José María Bravo, Óscar Camarero, María de los Ángeles Flores, Israel Sánchez. Publicado bajo licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-No Derivadas 3.0 Unported.