Recursos retóricos, 2

Continuamos nuestra serie con tres figuras retóricas de la letra a: la analepsis, la anástrofe y la antanaclasis.

Analepsis

Muy probablemente, de haber denominado esta figura retórica con el extranjerismo flashback (que yo, particularmente, traduciría como retrospección) muchos de los que la desconocían hubieran sabido a qué me refería, al menos vagamente.

Esto es debido a la popularidad del término flashback, empleado en el cine y la televisión, donde es un tropo muy frecuente.

Pero ¿en qué consiste esta figura? Una analepsis, según la definición de la RAE, es el «pasaje de una obra literaria que trae una escena del pasado rompiendo la secuencia cronológica»; esto es, la sucesión normal de los hechos se altera para narrar algo que sucedió anteriormente.

Podríamos considerar dos tipos de analepsis: interna o intradiegética, cuando se narran hechos dentro de la historia, previos a la actual secuencia cronológica; y externa o extradiegética, cuando los hechos narrados son anteriores a la historia.

En ocasiones, la ruptura en la secuencia cronológica se hace de forma brusca, sin aviso previo, catalizada, por así decirlo, por algún tipo de disparador de los recuerdos del narrador o del protagonista: por ejemplo, escuchar una canción de la infancia, cierto olor o sensación sinestésica, o un déjà vu. Esta clase de analepsis es la que recibe el nombre de flashback, y que en este artículo llamaremos retrospección.

La retrospección es una figura especialmente útil para añadir detalles del trasfondo de los personajes de forma breve e ilustrativa, al permitirnos bucear en sus vivencias. De esta forma, se nos dan las piezas, poco a poco, para poder comprender comportamientos y animadversiones de los personajes.

De la retrospección se distingue el llamado racconto o narración preactiva, el cual se caracteriza porque la vuelta al pasado es más calmada y progresiva. Típica de narraciones en primera persona, es usual mediante un racconto que el protagonista narre los hechos que lo llevaron a la situación presente.

Ejemplos de obras literarias que emplean la analepsis hay en abundancia; citaremos algunos, pocos pero de notable calidad: Pedro Páramo, de Juan Rulfo; El ruido y la furia, de W. Faulkner; El puente de San Luis Rey, de Thornton Wilder; El camino, de Miguel Delibes; La familia de Pascual Duarte, de Camilo J. Cela, y El túnel, de Ernesto Sábato.

Por último, conviene señalar que lo contrario de la analepsis es la prolepsis, también conocida como flashforward (de nuevo, me atrevería a traducir este término como prospección), la cual abordaremos a su debido tiempo.

Anástrofe

La anástrofe consiste en invertir el orden sintáctico habitual de elementos sucesivos de una oración. En ocasiones, la anástrofe se confunde con el hipérbaton; este, a diferencia de la anástrofe, implica la transposición de uno o más elementos de la oración.

Debido, sin duda, a la influencia de las malas traducciones del inglés, la anástrofe más usual y característica es la inversión (en algunos autores, sistemática) del orden natural de sustantivo + adjetivo; por ejemplo, La bella dama o El poderoso rey.

Pero la inversión puede afectar también al sujeto y al predicado (Corre el niño), a los complementos de sintagmas nominales o adjetivales (dorados campos de labranza; harto un poco de todo), o incluso al verbo auxiliar en las formas compuestas, perifrásticas o en voz pasiva (Cantado había el juglar; prisa darse debía, pues por el rey llamado había sido).

Dado que el castellano goza de bastante libertad en cuanto al orden sintáctico, la anástrofe puede «descontrolarse» y producir estructuras confusas e incluso cacofónicas. Así que recomendaría, cuando menos, moderación en su uso.

Algunos ejemplos:

«Era del año la estación florida» (Luis de Góngora).

«Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra que me llevare el blanco día» (Quevedo: Amor más allá de la muerte).

«Del salón en el ángulo oscuro, / de su dueño tal vez olvidada, / silenciosa y cubierta de polvo, / veíase el arpa» (Gustavo A. Bécquer).

Antanaclasis

La antanaclasis es una figura retórica de repetición, la cual juega con la polisemia de las palabras para causar su efecto. En esencia, la antanaclasis repite una misma palabra, pero con significados distintos.

Veamos algunos ejemplos:

«En vano alcé tu bandera, / en vano salí de aquí; / mejor fuera que no fuera» (Lope de Vega).

«Cruzados hacen cruzados, / escudos pintan escudos / y tahúres muy desnudos / con dados ganan condados / ducados dejan ducados, / y coronas Majestad, / ¡verdad!» (Luis de Góngora).

«Valor de aquel valor que en sí contiene / de todos el reparo y los repara, / tu cara, de los ángeles tan cara / me dé paz en la paz que el cielo tiene» (Gregorio Silvestre).

«Sé lista y estate lista cuanto antes».

«—¿Usted no nada nada? / —Es que no traje el traje» (Popular).

Nota:

Hay cierta confusión entre la antanaclasis y otra figura retórica muy similar, llamada diáfora, dilogía o silepsis. En ambas se emplea la polisemia de un término, pero en la diáfora no hay repetición y se juega al equívoco, dado que es posible entender dos significados distintos en el mismo enunciado.

Veremos esta figura a su debido momento, pero para mayor claridad pondré un ejemplo clásico:

«Salió de la cárcel con tanta honra, que le acompañaron doscientos cardenales, sino que a ninguno llamaban “señoría”» (Francisco de Quevedo: La vida del buscón llamado Pablos).

Y aquí termina la segunda entrega. Hasta la próxima.

Bibliografía

  • GARCÍA BARRIENTOS, JOSÉ LUIS: Las figuras retóricas. El lenguaje literario 2, 3.a ed., Madrid: Arco Libros, 2007.
  • SPANG, KURT: Fundamentos de retórica literaria y publicitaria, 3.ª ed., Pamplona: Ediciones Universidad de Navarra, 1991.
  • http://retorica.librodenotas.com/
  • http://www.retoricas.com/